“…y se los llevaban en jaulas, y no pude evitar que mis ojos se humedecieran al ver como los de esos perritos me miraban: ojos redondos y tristes, implorando un acto de clemencia como si de manera intuitiva, conocieran el final de ese viaje…”
Mi suegra contaba esto con ahogadas palabras por la consternación que le causó tanta crueldad de los responsables de tal acto y tanta indiferencia de todos los transeúntes que por allí pasaban; ¿acaso nadie iba a detener tanta injusticia?
La realidad de lo que sucedía allí era tan cierta como cruel e inhumana, a esos pobres perros los estaba transportando hacia el zoológico para servir de alimento a los desnutridos leones y los caimanes del Parque de Diversiones Granma
Su historia me hizo recordar otro momento fatídico en el que el protagonista fue un conductor carente de sentimientos y sentido común, cuando frente a mis ojos atropelló a una perra mestiza, una Stanford callejera que salió solo unos centímetros de la acera.
Nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarla, ojalá la hubiera matado, pero desafortunadamente la pobre perra agonizó cerca de 20 largos minutos con parte de sus sesos sobre la calle, y orinándose encima como reflejo incondicionado del dolor tan fuerte que debió estar sintiendo.
Tiempo después un barrendero con una increíble naturalidad, la levantó por una de sus patas traseras y la metió en el carrito de la basura. La imagen de mis dos Cocker Spaniels vino a mi mente: Sasha y Odie, Odie en memoria de otro cachorro que tiempo atrás murió de parvovirus pues no fue inmunizado a tiempo dado a que no estaba a la venta la pentavalente.
La pentavalente, una vacuna que cuando el gobierno la vende, lo hace al módico precio de 6 CUC, o 150 pesos MN. Pero por lo general hay que comprarlas en el mercado negro a 10 y 12 CUC sin la garantía de que fuera preservada previamente a la temperatura indicada.
Desafortunadamente ni los perros están ajenos a sufrir las consecuencias del comunismo, que solo defiende los intereses de los mandatarios de esta isla con una fauna tan variada en la que solo parecen reconocer a las vacas.
Pues sí, aunque cueste admitirlo, la Sociedad Protectora de Animales (si es que existe alguna en Cuba) y el Gobierno vela por la integridad física del ganado vacuno, aplicando sanciones de hasta 30 años de privación de libertad para aquellos que incurran en el delito de hurto y sacrificio del ganado mayor, pero ahí no está lo sorprendente del asunto: los que compran alguna pequeña porción de este animal son encarcelados con penas de hasta 15 años.
Entonces, donde quedan los perros que además de tener la desdicha de callejeros, de no tener el amparo de alguna perrera pública donde posteriormente pudieran ser adoptados y recibir por lo menos los cuidados básicos para poder subsistir, tienen que terminar en una muerte que lejos de ser piadosa, parece sacada de una película de terror.
El filósofo Jeremy Bentham postuló que los animales por su capacidad de sentir agonía y sufrimiento, independientemente de que tuviesen la capacidad de diferenciar entre “bien” y “mal” (una capacidad que algunos discapacitados psíquicos no tienen) deben tener unos derechos fundamentales como el derecho a la vida y a su seguridad, y a estar libres de la tortura y de la esclavitud. (Véase Artículos 3-6 de los Derechos Humanos)Él también dedujo que un perro es más aprehensivo que un recién nacido y que de este modo estaría más cercano al humano adulto que un bebé. Con sus tesis y comparaciones “Si miramos a miembros de nuestra propia especie, los cuales carecen de calidad de personas normales, parece imposible que su vida fuera más válida que la de unos animales”. Estas proposiciones fueron criticadas masivamente.
Actualmente, los derechos de animales se enseñan en 100 facultades de derecho estadounidenses, incluyendo Harvard, Stanford, UCLA, Northwestern, University of Michigan y Duke. Cada vez más asociaciones de las abogacías estatales y locales tienen ahora comités de los derechos de los animales. Existe poco precedente legal pro-animal, así cada caso presenta una oportunidad para cambiar el futuro legal de los animales.
¿Hará algo el Gobierno cubano para detener tanta injusticia? Particularmente creo que no, y lo hago de manera categórica. Es imposible que un gobierno al que no le importa en lo absoluto el bienestar del pueblo, vele por los intereses y la protección de estos animales que aunque carecen de raciocinio común, sienten, sufren y padecen en este Infierno de Perros que es Paraíso de Vacas.
Es indecoroso de nuestra parte, insistir que sólo los humanos sufren, si nosotros mismos nos portamos de una manera tan indiferente frente a los demás animales. El comportamiento de otros animales vuelve falsas tales pretensiones. Ellos se parecen demasiado a nosotros.
