Después de medio siglo de bloqueo económico, hay más pobres en Cuba que antes, hay menos libertad, hay más miseria y menos oportunidades de tener un kilo de arroz para comer.
¡Pero no todos los cubanos son pobres! Los seguidores de la legión Castrista (porque se pasan el “trono” familiarmente cual linaje de patriarcas) cenan en lujosos hoteles, beben champaña con sus homólogos y fuman habanos de cien dólares para pasar el estrés de la “revolución”.
Pasan los años y los más de 12 millones de cubanos tienen que sufrir la explotación de la omnipotente mano del estado quien a su vez, limita a los niños, jóvenes y adultos a la alimentación racionada, falta de vivienda digna. La única recompensa que tienen los que viven esta barbarie, es tener un duro trabajo en las plantaciones de alimentos (no divididas en partes iguales como cita el socialismo), en pro del “Partido”.
Si hombres como “Camilo Cienfuegos” vivieran seguramente llorarían al ver que su Revolución no fue más que la riqueza de 10 o 20 personajes líderes, producto del trabajo de millones de trabajadores y muy acertadamente me atrevo a decir que “armaría” una nueva Batalla para derrocar al actual gobierno.
Ahora la gran interrogante es: ¿Quiénes son los pobres en Cuba? Si en los hermanos países de Latinoamérica halla respuesta económica inmediata, entre nosotros, donde la propiedad privada en manos cubanas ha sido reducida prácticamente a cero, es asunto más complicado.
Ser pobre en Cuba no significa no tener acceso a los servicios básicos de salud, educación y cultura, ni estar abrumado por el desempleo ni acorralado por ignorancias, pandemias y hambrunas. La mera pobreza material por supuesto que existe, pero, por paradójico que resulte, no es comparable a la escualidez espiritual que nos desarraiga y nos amenaza de asfixia.
Pobre en Cuba es el profesional cuya ubicación en la pirámide de ingresos está por debajo de las del ladrón y el policía. Pobre es el periodista que debe releer con cuidado lo que escribe, para no exceder lo tolerado, delimitación esta tan intangible como decisiva.
Pobre es, sobre todo, el ciudadano común, que no ocupe cargos relevantes ni disponga de vínculos familiares o amistosos en el exterior, porque no encontrará quien lo ayude económicamente, mientras le repiten que es el dueño de una propiedad social sobre la que no ejerce control ni potestad de ningún tipo.
Pobre es quien sale cada día para su trabajo sin la garantía del transporte que lo conduzca, dispuesto a soportar como mínimo dos horas a bordo de una rastra apropiada para el traslado de reses, abarrotada de gente. Y así cada día del año y cada año de la década, con la certidumbre de que todo puede empeorar en cualquier momento.
Pobre es en Cuba la pareja que al contraer matrimonio no puede contar con la posibilidad de alquilar ni siquiera una minúscula habitación independiente donde constituir su hogar. Forzada a convivir agregada indefinidamente a otro núcleo familiar, a menudo sobreviene el divorcio como consecuencia inevitable de la carencia de privacidad.
Pobre es en Cuba el ciudadano a quien se le condena a desmesuradas penas en prisiones de máximo rigor por ejercer derechos políticos universalmente reconocidos. No menos pobres son los familiares del recluso, quienes deben peregrinar de un extremo al otro dela Islapara llevarle su ayuda.
Pobres somos todos los cubanos que hemos sido en mayor o en menor medida marginados por represalias sociales y laborales a consecuencia de haber expuesto con franqueza crítica nuestras ideas. A la prohibición de ejercer determinadas profesiones, se agregan, en un plano más íntimo, las separaciones familiares y la pérdida de amistades entrañables, siempre por motivaciones político-ideológicas.
Pobres son quienes no conciben esperanzas de realización personal en Cuba y la vinculan exclusivamente con la residencia en el extranjero. Así, la deportación, que en tiempos coloniales fuera penalidad impuesta, resulta hoy destino anhelado. Esta inquietante crisis de identidad patriótica nos empobrece a todos por igual, y es una bomba de tiempo de consecuencias incalculables para el porvenir de la nación.
Pobres somos en Cuba quienes no hemos podido compartir el nacimiento de nuestros descendientes ni las horas finales de nuestros allegados, desgarrados por la diáspora o por el cumplimiento de tareas internacionalistas.
Pobres son, en Cuba, quienes se han visto directa o indirectamente forzados a renunciar a sus credos y prácticas religiosas por imperativos ideológicos, puestos en tales disyuntivas como requisito para desempeñar puestos de trabajos o poder continuar estudios. Quienes permanecieron fieles a sí mismos saben el precio que tuvieron que pagar por ello.
Pobres somos los cubanos cuando debemos soportar la exclusión en hoteles, playas y otros centros de esparcimiento, sólo reservados a los señores turistas.
Pobres son en Cuba los jubilados que revenden sus cuotas normadas para obtener un ingreso extra. Entristece ver a los trabajadores a la hora del almuerzo, merodeando por las calles con su merienda fuerte para cambiarla por veinte pesos.
Pobres somos todos cuando el comerciante estatal o privado nos despoja y además, por añadidura, nos maltrata. Pobres son los ciudadanos que ven obstaculizada su iniciativa económica por impuestos desmedidos.
Este listado empieza a tornarse monótono. Cada lector puede agregar por su cuenta los casos que he omitido. Si alguno desease argumentar las razones que nos enriquecen, seguiré explorando esta temática.
El reto es no permitir por más tiempo que los hijos dela Pobrezade hoy, se conviertan en los padres de la pobreza en el mañana.
Luis A. Ferre
